Los pueblos cerca de la Quebrada del Molino Viejo
Ver los alrededores de la Dehesa
Ver las fiestas de la comarca
La Sierra del Segura cuenta con pinturas parietales que han sido declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO, espacios naturales tan increíbles como el Calar del Mundo, la Sierra de las Cabras o los desfiladeros de los ríos Zumeta y Tus. Existen castillos que pertenecieron a la Orden de Santiago, como el de Yeste,Taibilla y Socovos, u otros que fueron del Concejo de Alcaraz, así como un museo de las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz, las primeras de latón en toda España.
Pueblos como Letur, enclavado en un peñon y con un marcado ambiente medieval en su casco antiguo y con estupendos parajes donde desconectar, Nerpio con excelentes propuestas para disfrutar de la naturaleza, fauna y flora en unos de los paisajes más virgenes de la provincia de Albacete.
Ocupa un lugar privilegiado en un estrecho cañón del río Mundo, por lo que también se le conoce como "La Suiza Manchega", que aparece en lo alto de un balcón natural de la roca sobre el bello río Mundo. Su peculiar forma de aprovechar el agua, así como su bien cuidada huerta y sus sorprendentes rincones, han convertido a Ayna en un pueblo emblemático, donde el sabor antiguo y las comodidades modernas se dan aquí la mano en perfecta armonía.
La Cueva del Niño, localizada en el margen opuesto del río Mundo es el testimonio del antiguo poblamiento de lo que hoy conocemos como Ayna. Las pinturas rupestres que adornan sus paredes han sido fechadas por los expertos entre 100 y 150 siglos antes de nuestra era, lo que sitúa a esta prehistórica habitación en pleno período paleolítico superior. Diversas excavaciones han demostrado también la existencia de pobladores durante el neolítico, pues han aparecido restos cerámicos relacionados con dicho período.
La existencia del paraje conocido como "El Salero", entre esta población y la vecina Liétor, pone de manifiesto un poblamiento musulmán en el que se aprovechaba industrialmente la sal procedente de esta salina. Posteriormente este recurso sería abandonado, permaneciendo aún algunos restos de su antigua utilización.
En las azarosas épocas de dominación árabe y reconquista cristiana, Ayna sufrió el azote de ambos bandos, ya que se hallaba muy próxima a la frontera entre ambos reinos. Su castillo de la Yedra fue un importante punto defensivo frente a los musulmanes de Granada y Baza, y sus gestas han quedado recogidas en diferentes escritos que hacen referencia a la valentía de sus pobladores.
Durante mucho tiempo Ayna fue la frontera entre el concejo de Alcaraz y la encomienda santiaguista de Socovos, ya que limitaba con Liétor y esta característica le ocasionó no pocos problemas administrativos. No es desconocida la falta de buenas relaciones entre ambos partidos durante la época de dominación.
Ya en el año 1565, y por privilegio otorgado por Felipe II, consiguió Ayna separarse de la todopoderosa ciudad de Alcaraz y convertirse en villa soberana. Además, dicho privilegio la dotó de término municipal y estableció que pudiera aprovechar los pastos de forma mancomunada con Alcaraz.
El pueblo ha crecido a lo largo, constreñido por el cauce y las afiladas paredes que lo encierran. La calle Mayor enlaza con la plaza principal, donde se encuentra el Ayuntamiento y las gradas que sirven para disfrutar de los encierros de toros. A 10 Km.. de la localidad se descubrieron unas cuevas con pinturas rupestres de arte levantino.
Es recomendable el paseo por la orilla del río, remontando la vega hasta la Presa de los Cárcavos. Se trata de un pueblecito encantador, encajonado en una estrecha garganta formada por el río Mundo, el cual atraviesa una agreste y bien arbolada serranía.
Sus calles serpenteantes conservan rincones de particular tipismo. Está vinculado a la tradición de la traída del Cristo de Sahúco.
Ayna es un pueblo con una estética especial, y basta introducirse por su calle principal para darse cuenta de ello. Sus callejas estrechas y de claro sabor morisco se abren hacia el río Mundo que baña sus pies, como largos ventanales. Son callejas pensadas para su utilización de antiguo, para acercar la rica y bien cuidada huerta a la población, son callejas con escalones amplios y de poca alzada, con curvas y recovecos que sorprenden a quien con mirada atenta y abierta a toda sugerencia, se adentra en ellas.
La calle principal, que va cambiando de nombre según el tramo, forma la columna vertebral de la población, y entorno a ella se concentra la vida de esta villa serrana.
La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de lo Alto, ubicada en la zona conocida como el Postigo, es la que actualmente cumple las funciones de templo principal. Aunque su construcción se fecha en el siglo XVII, gran parte de la misma es de época posterior, pues ya Pascual Madoz, en su "Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar", editado entre 1845 y 1850, afirmaba que estaba sin concluir y que, para facilitar su funcionamiento hubo que habilitar la sacristía.
Según el mismo autor, los días de gran afluencia de fieles era preciso oficiar las ceremonias en la ermita de los Remedios, más amplia entonces. Actualmente, de este último recinto religioso situado en el número 38 de la calle Mayor, poco queda en el exterior, tan sólo se adivina un arco de piedra que enmarca la puerta de entrada y que ha aparecido al eliminar el enlucido que lo cubría, su interior diáfano y con buena luz, posee un coro en alto soportado por columnas y un destacable artesonado de estilo mudéjar del siglo XVI. Hoy en día esta ermita no se destina a oficios religiosos, y para visitarla es preciso pedir permiso en el Ayuntamiento. Éste se encuentra en la Plaza Mayor, cuyo lateral posee gradas desde las que contemplar lo que acontece en su centro, abajo en el fondo de la plaza hay una fuente de caño en cuyo frontón se han representado las pinturas rupestres de la Cueva del Niño.
Para orgullo de sus habitantes y conocimiento del visitante, la fachada del Ayuntamiento muestra una solemne placa en la que se avisa de que Ayna fue galardonada con el Primer Premio de Embellecimiento de Pueblos en el año 1964.
A orillas del río de su mismo nombre, y dominada por la imponente mole rocosa del Padrastro, la Villa de Bogarra se enclava en uno de los parajes de mayor belleza de la Sierra del Segura.
Su vega, llena de frutales, y sus calles, antiguas y empinadas, conservan el carácter serrano de estas tierras e invitan a adentrarse por ellas en un sosegado paseo.
La población de Bogarra se encuentra a 78 Km. de Albacete limita con:
* Norte: Con Peñascosa.
* Sur: Con Ayna y Molinicos.
* Este: Con Ayna.
* Oeste: Con Paterna del Madera
Seguramente la población de Bogarra se inicia con un asentamiento Ibero ya en el siglo V antes de Cristo y como muestra de ello queda la enigmática Esfinge de Haches, hallada a los pies de la atalaya del mismo nombre.
Bogarra perteneció a la antigua Bigarra, ciudad Tarraconense. Durante las primeras Guerras Púnicas entre Romanos y Cartaginenses, Bogarra se alió con Roma, y aunque los Cartagineses lograron recuperarla, fue definitivamente Romana allá por el año 214 a. de C. gracias al General Escipión.
Ya en la Edad Media, fue aldea dependiente de la ciudad de Alcaraz.
En el S. XIV la población de Bogarra sufrió grandes ataques de los pueblos de la zona, y en el año 1351 se repoblará a causa de la reconquista según Petrel Marín, junto con las otras localidades de la zona, y frente al peligro de los moros Granadinos.
De las torres fortificadas que ejercían función de vigilancia en la región, se conserva una en la población de Bogarra, en él termino de la Aldea de Haches, Atalaya de estilo Almohade.
En el año 1452 el príncipe Enrique concedió el señorío de las salinas de Bogarra a Don Juan Pacheco, Marques de Villena, y éste las cedió al Monarca Juan II, que posteriormente pasarían a pertenecer a los Reyes Católicos.
A principios del S. XV se destruye la fortaleza de Bogarra por la orden de la ciudad de Alcaraz.
Se dice que, mientras Alcaraz apoyó al infante D. Alonso, Bogarra apoyaba a su oponente Enrique IV, y gracias al Rey Felipe II en el año 1573, se otorgó el privilegio a la villa de Bogarra costando por aquel entonces 1500 maravedíes.
Adentrándonos en el año 1638, la villa de Bogarra fue avasallada por la inquisición.
Metidos en el siglo XIX, existen pruebas documentales de la detención y muerte del capitán Lozano, cabecilla Carlista.
Las calles de Bogarra, estrechas y empinadas, conservan aún un cierto regusto antiguo.
En una de ellas, en la calle Cítara, se ubica el Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Este es un edifico barroco del siglo XVIII cuya torre se une al cuerpo principal mediante un arco. De las tres naves que la componen, la central es la que posee mayor altura.
En la cabecera, rectangular y plana, hay un interesante retablo barroco, mientras que las capilla laterales se reparten un retablo neoclásico y un interesante trabajo de soldadura de hierro obra del maestro Quijano.
Los alrededores de la población ofrecen un amplio abanico de posibilidades paisajísticas, históricas y deportivas.
La Atalaya de Haches, almohade de cuatro plantas y fachada del siglo XIII, conserva aún parte de su encanto. En sus inmediaciones, fue donde se realizó el hallazgo de la Esfinge de Haches, que hoy se muestra en el museo de Albacete.
Junto a la población, y dominándola desde las alturas, se eleva el Cerro del Picayo, imponente mole rocosa que parece asomarse a todas y cada una de las casas de la población. Desde su cima, al sur de la Villa, se practican deportes como el parapente y el Ala delta.
El agua, que canalizada por el río Segura besa los pies de la población, es la razón de ser de uno de los parajes más bellos de cuantos posee este término municipal. Se trata del lugar conocido como el Batán de Bogarra. Dotado de infraestructuras para el disfrute de los turistas, el Batán es un monumento a lo que da la vida en la Sierra: el agua. Es esta la que hace que las rocas se cubran de vegetación verde e imponentes masas boscosas.
Distante 95 Km.. de Albacete capital, Elche de la Sierra, el Elchecico, es ahora la capital de la Sierra del Segura, y sede de la Mancomunidad que conforman los doce municipios serranos.
Sus calles son el escenario ideal para que, durante las fiestas de septiembre se pueda comprobar el porqué sus habitantes se sienten orgullosos de que a esta población se la conozca como "la cuna de los encierros".
Elche de la Sierra entra en la prehistoria de la mano de la sedentarización ocurrida durante el período calcolítico. Los útiles tallados en sílex, y los lugares de Cuevas Blancas y la Loma del Mojón, así lo atestiguan.
Avanzando en el tiempo, y ya en plena Edad del Bronce, destaca el poblado de La Muela, que recibe el nombre de la roca que lo acoge. Ya no se vivía en cuevas, sino que la tendencia era, cada vez más, a vivir en poblados abiertos al aire.
Antes de entrar en nuestra era, Elche posee todavía poblamiento ibérico, del que se conservan vestigios en el lugar conocido como La Peña. Es, sin embargo, en el siglo III a. C. cuando acontece uno de los sucesos más importantes y reivindicados para la historia de esta población, es entonces cuando, durante las luchas colonizadoras que los Cartagineses libraban contra los pueblos autóctonos –en este caso los Bastenanos- muere el gran caudillo Amílcar Barca, y quiere la tradición que tal acontecimiento ocurriera en la población de Villares, actual aldea de Elche de la Sierra en la que aún se conserva la que debió ser la tumba de tan insigne guerrero.
Una fecha importante en la historia de la villa, es el año de 1213, cuando Alfonso VIII conquista Alcaraz y Elche pasa a ser aldea suya, esta condición de aldea alcaraceña perduraría hasta que en 1565 el monarca castellano Felipe II concede a Ayna el privilegio de villazgo, y Elche deja de ser aldea de Alcaraz para pasar a serlo de Ayna.
Casi tres siglos duró esta dependencia administrativa con respecto a Ayna, pues no fue hasta el año de 1834 cuando adquiere la deseada condición de ayuntamiento independiente.
Desde entonces hasta nuestros días, la población de Elche de la Sierra no ha hecho sino incrementar su importancia. En estos momentos es el centro administrativo de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra del Segura, algo así como la capital de nuestras tierras.
El casco urbano de Elche de la Sierra, en el que se combinan lo antiguo y de rancio sabor con lo nuevo y lo más funcional, ofrece una amplia variedad de lugares y sitios de interés.
Lejos quedan ya los tiempos en los que don Pascual Madoz escribió "tiene 700 casas,..." Hoy son muchas más las que constituyen la población y algunas de ellas poseen bellas fachadas con rejas de forja que las dotan de cierto aire nobiliario.
Entre los espacios públicos de la villa cabe destacar la plaza de Ramón y Cajal, en cuyo número 1 se levanta el edificio del Ayuntamiento, es éste de doble planta y buena presencia, y en su interior, nada más comenzar a subir las escaleras que dan acceso a la planta superior, la de oficinas, se puede ver una placa alusiva a la construcción del inmueble allá por los inicios del siglo XIX, en ella se lee: "Unión, constancia y afán hicieron este edificio, el pobre con su servicio y el rico con su caudal".
Muy cerca del Ayuntamiento se alzan dos torres que forman parte del templo parroquial, se trata de la iglesia de Santa Quiteria, una de las mejores muestras del neoclasicismo de toda la provincia, sus 1.350 m2 de planta, se distribuyen en una sola nave, en cuyos laterales se abren varias capillas. La obra fue dirigida por el arquitecto Francisco Pérez Rodríguez entre los años 1783 y 1788, y para levantarla hubo que derribar la primitiva iglesia (de 1570) y 18 casas más.
Es de este templo de donde sale la procesión que el domingo siguiente al Jueves de Corpus, recorre las calles de la villa y difumina las delicadas alfombras de serrín que han confeccionado los mozos y mozas durante la noche.
Además de su Ayuntamiento y su Iglesia, el recorrido por las calles de Elche nos brinda la oportunidad de contemplar su agradable y recién creado jardín botánico, en el Parque de la Concordia, junto al lugar en el que se celebran las tradicionales verbenas veraniegas.
A su lado se encuentra la moderna Casa de la Cultura y no muy lejos clavan sus raíces dos de las joyas vivas de esta población: la primera es un plátano de sombra situado frente al estanque que forma un manantial natural en el Paseo de la Libertad, posee este magnífico ejemplar más de 5 m. de cuerda; la segunda de las joyas es otro árbol, pero esta vez se trata de una encina conocida como la encina del convento, está en el patio del Colegio del Cristo Crucificado, y sus 4,60. de cuerda sostienen un follaje cuya sombra puede rondar los 400m2.
La joya serrana”, que así se conoce también a esta población, se encuentra al sur del cauce del río Segura, en un paisaje dominado por campos cultivados y ondulaciones del terreno. Su casco urbano esconde hermosos rincones, y en sus alrededores se pueden practicar deportes como la caza o la pesca rodeados por una espléndida naturaleza. Férez era ya una población conocida durante la dominación musulmana de esta parte de la Península que, tras pertenecer al condado conocido como la Cora de Todmir, o Teodomiro –noble visigodo-, pasó a depender de los reinos de taifas de Murcia.
A principios del siglo XVIII, el territorio de la Sierra del Segura, fue reconquistado por las tropas cristianas, y el monarca Fernando III hizo donación de los enmarcados bajo la dominación de Segura de la Sierra, a la Orden de Santiago. Férez pasó así a depender de dicha orden militar y, al repartirse el territorio en encomiendas, la población –que aún no poseía el privilegio de villazgo- quedó enmarcada en l a Encomienda de Socovos.
El hecho de ser población fronteriza no facilitaba nada su poblamiento, de manera que fue necesario establecer fueros especiales en esta zona. Aún así, su población no crecía en número suficiente, y gran parte de sus habitantes continuaban siendo mudéjares.
No es extraño el temor de las gentes a poblar Férez si se piensa que, mediado el siglo XV, los sarracenos saquearon esta población por completo y se llevaron al total de sus pobladores. Entre saqueos y repoblaciones, Férez consiguió sobrevivir, y en el año 1488, cuando reinaban ya Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, alcanzaba esta población el anhelado privilegio de poderse convertir en villa y ser tratada en consecuencia.
En la segunda mitad del siglo XVII, allá por el 1673, se crea la Gobernación del Valle de Ricote, y Férez pasó a depender administrativamente de ella, cuya capital era Cieza. Al disolverse la Orden de Santiago, en 1851, Férez que había estado ligada a la Diócesis de Cartagena a la vez conseguía plena autonomía como municipio independiente. >
El acercamiento a Férez permite contemplar los campos que rodean la villa y que, gracias al agua que mana de las bellas fuentes del municipio, permite desarrollar una próspera agricultura.
Su casco urbano mantiene esa impronta árabe que dejó en estas tierras el largo período de dominación musulmana. Sus calles son estrechas y ofrecen recogidos rincones en los que se puede sentir todo ese ambiente medieval.
De su época de frontera con los reinos de Murcia y Granada, cuando pertenecía a la encomienda santiaguista de Socovos, le quedan aún algunas fachadas en casas singulares esparcidas por el casco urbano y que parecen no querer que su esplendor medieval caiga en el olvido.
Sin duda, el edificio más interesante desde el punto de vista monumental en Férez es su iglesia parroquial, se trata de la iglesia de la Asunción, construida en el siglo XVI. Las posteriores remodelaciones han hecho que del edificio original tan sólo quede la cabecera. Esta parte del templo presenta una bóveda de crucería de estilo gótico. En el interior de la iglesia se guardan importantes piezas artísticas: por un lado, un Jesús Nazareno procesional realizado en 1802 por Roque López, discípulo que fuera de Salzillo. Dicha escultura, cuya cabeza, manos y pies están tallados en madera y policromados posteriormente, fue encargada para esta parroquia por don Pascual Belmonte. También de los talleres de discípulos de Salzillo salió la Virgen Dolorosa, una imagen de vestir que continúa en la línea estética de la imaginería murciana del siglo XIX.
Sin embargo, quizás lo más valioso del legado artístico de esta iglesia parroquial sea una Santa Ana triple, fechada en el siglo XVI, y el órgano de finales del XVIII. El constructor de este instrumento fue Joseph Llopis, el mismo al que se debe la construcción del órgano barroco de Liétor.
En las afueras de la población y en su término municipal, se pueden encontrar estupendos rincones para el paseo y el reposo, como la zona recreativa del Arroyo de la Mora o el paraje del Atajadero. Ya sobre el río Segura, y en la carretera que comunica Férez con Hellín, se encuentra el Puente de Híjar, donde hay establecida una zona de baños y pesca en la que, además de contemplar el espléndido paisaje del río, es posible acampar.
Aguas abajo, se encuentra un lugar especialmente indicado para la práctica de los deportes acuáticos. Se trata del paraje conocido como la Alcantarilla de Jover, que perteneció al señorío del mismo nombre
Estos dominios contaban con más de 1.000 has. de fértiles terrenos de huerta que se perdieron al cubrirlas las aguas del pantano del Cenajo.
La cocina ferreña: Don Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, escribía de Férez que producía “trigo, aceite y vino”, ya que el terreno que se dedicaba al cultivo era de buena calidad. También indicaba la abundancia de “perdices, conejos y liebres” en los territorios que componían su término municipal. Con estos antecedentes de pan, vino y caza, no es extraño que la cocina fereña se encuentre llena de sabores y matices, sobre todo si a lo anterior le añadimos la abundancia de plantas aromáticas en estos terrenos montuosos. Uno de los platos más corrientes en la gastronomía fereña-y de cualquiera de estos pueblos serranos- son las migas. Aparecen en su elaboración los ingredientes propios del terreno, la harina y el aceite, que junto al agua, se encargan de dar como resultado un exquisito manjar, eso sí, siempre y cuando las manos que lo preparen, además de expertas, hayan marcado la obligada cruz sobre la harina al verterla en la fuente a cocer. Pero las migas normalmente no van solas, alguna sardina salada, algo de tocino de la matanza del cerdo, unas pocas uvas,... acompañarán el plato.
Antes de entrar de lleno en ese exquisito plato de migas con compañía, puede uno ir haciendo boca con los “torraos”, esas cortezas endurecidas que se van retirando durante la preparación del plato principal y que se sirven aparte.
Rodeado por profundas gargantas, se alza sobre un cerro que en otro tiempo ocupara un castillo cuya plaza de armas es la Plaza Mayor actual, en la que se encuentra la Iglesia de la Asunción, con portada plateresca, de estilo renacentista. Letur, está situada al sur del cauce del río Segura, al que se une mediante el arroyo de su mismo nombre, la villa de Letur era considerada ya en el siglo XVI, como "alegre y de mucho agua y frescuras".
Letur, al igual que la gran mayoría de los territorios que conforman esta Sierra del Segura, fue visitada y poblada por el hombre desde muy antiguo. Así se pone de manifiesto en los restos pictóricos rupestres que, tanto aquí como en otros lugares de la mancomunidad, son abundantes. En este caso se trata de pinturas que corresponden al estilo levantino, catalogado como neolítico.
Tras muchos años de incertidumbre histórica, y algunas dudas sobre cuál o cuales fueron los pueblos que habitaron su territorio. Letur sufrió la romanización y la fortificación del cerro en el que está enclavada la villa. De todo ello terminaron por aprovecharse los pueblos bárbaros del norte, y especialmente los Visigodos. Restos de su cultura permanecen aún en la zona como el topónimo de Gutta, que corresponde a la actual población de Villares.
La invasión musulmana marca el inicio de un período histórico más documentado. Parece que el castillo de Letur se levantó durante el siglo XII, en plena dominación árabe, y los territorios que hoy configuran el municipio pasaron por diferentes señoríos musulmanes, desde la Cora de Todmir hasta el reino de taifas de Murcia.
A mediados del siglo XVIII, el castillo de esta población pertenecía ya a la Orden de Santiago, pues el rey Fernando III, el Santo, así ordenó que fuera en el año 1242. Más tarde, cuando parte de los territorios que pertenecían a la demarcación de Segura de la Sierra se dividieron en encomiendas, Letur pasó a depender de la que tenía como centro a la vecina población de Socovos. De esta forma, la historia de la villa de Letur queda indisolublemente ligada a la de la encomienda santiaguista. Esta fue la responsable de que, en 1454 se llevase a cabo la repoblación de sus tierras con gentes cristianas. De la Orden Militar de Santiago dependió Letur hasta que, a mediados del siglo XIX, se eliminó su jurisdicción.
La villa se asienta sobre un peñón, una elevación del terreno que dio lugar a que en 1578 se dijera de ella que "no se ha podido ni se puede ensanchar". Hoy en día, tal cosa ya no es cierta, pues fuera de los límites naturales que impone el promontorio en el que se instaló antiguamente la población, se han establecido dos barrios que amplían el caserío de la villa.
Su casco urbano mantiene un claro sabor morisco, y su especial importancia ha favorecido su declaración como Monumento Histórico-Artístico. No en vano constituye el conjunto árabe más importante de Albacete.
Todas la calles y callejas se arremolinan entorno a la plaza Mayor, centro histórico en el que se levanta el edificio que constituye el templo de la iglesia parroquial de Santa María, también conocida como de la Asunción. El edificio, construido durante el siglo XVI, eleva su campanario sobre los tejados de la población como vigía y protectora. Se trata de un templo de una sola nave cuyo exterior se refuerza con imponentes contrafuertes. El estilo general es gótico, aunque la portada se enmarca ya dentro del gusto renacentista. Su interior, sobrio y con tenue iluminación, ofrece un espacio recogido al que coronan unas bóvedas con bella crucería.
Junto a la iglesia, se encuentra el Ayuntamiento, construido también durante el siglo XVI, de su edificio cabe destacar la construcción en doble cuerpo, arriba una balconada corrida y debajo dos arcos de medio punto.
No lejos de allí, en una de las calles que rodean a la plaza, se encuentran las renombradas pinturas medievales, únicas en toda la provincia de Albacete.
La ermita del Alto, o de la Concepción del Alto, se encuentra también en el casco antiguo. Al igual que los monumentos anteriores, se levantó durante el siglo XVI, aunque parece que posteriormente se le añadió una sencilla portada renacentista. En su interior se puede contemplar un bello artesonado de estilo mudéjar.
El paseo por las calles de Letur, como la del Arco, la de los Cárabos, la del Atún, o la del Albayacín, permiten disfrutar de un sinfín de arcos y portalillos de singular belleza, algunos de ellos, como el de las Moreras o el de la Puerta del Sol, han sido bautizados con nombres propios.
Dada su situación en alto, la villa posee excelentes miradores, muchos de ellos localizados en los parajes en los que aparecen las múltiples y bellísimas fuentes letureñas. Así, el mirador del Charco Pataco, el de los Molinos o el de la Molatica.
Lugares de interés turístico:
- Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción:
También llamada de Nuestra Señora de la Asunción, es el monumento más sobresaliente de la villa de Letur. Está situada en la Plaza Mayor. Pese a ser un edificio de pequeñas dimensiones, posee una elegancia arquitectónica exquisita, que se plasma en su sobrio interior en el que destacan las bóvedas de crucería que se apoyan en pequeñas columnas cuyos capiteles se adornan con bolas. La tenue luz que engloba el ambiente interior, le llega del natural mediante cuatro ventanas, dos de ellas se localizan en la cabecera, una a cada lado y sobre el altar mayor, las otras dos están en el coro y en el baptisterio. Este último posee una hermosa pila del siglo XVI.
La torre del templo, de planta cuadrada, consta de cuatro cuerpos, de los que el inferior es el mayor, en el tercero de ellos se abren los arcos del campanario y sobre él, formando ya parte del cuarto cuerpo, se ha instalado el reloj que marca el paso del tiempo en la villa. Bajo las ventanas de la cabecera, y a ambos lados del gran crucifijo frontal, se encuentran cuatro tablas pictóricas que se atribuyen al Maestro de Albacete, un anónimo artista que aparece en escena hacia mediados del siglo XVI. Las que se conservan actualmente se salvaron de la quema de motivos religiosos acaecida durante la Guerra Civil gracias a un ingenioso admirador que consciente de la importancia artística de dichas obras hizo comprender a los pirómanos de que tales tablas poseían mucho más valor económico enteras que convertidas en cenizas.
- Ermita de la Concepción:
Edificio del siglo XVI, situado en la calle Alto, conserva en su interior un interesante artesonado estilo mudéjar.
- Ayuntamiento de Letur:
Bello edificio del siglo XVI.
- Casco Histórico:
El casco antiguo de Letur, declarado Conjunto Histórico, contiene el trazado musulmán mejor conservado de la provincia.
- Miradores de la Molatica:
Dentro del Casco Antiguo, los miradores nos ofrecen una bonita vista hacia las huertas y los alrededores.
- Charco de las Canales:
Piscina natural ubicada en el Casco antiguo.
- La Ruta del Almazarán:
Siguiendo el cauce del arroyo Letur hacia el río Segura, en él se encuentra la Cascada, un bello salto de agua del Arroyo Letur a su paso por los Pradillos.
- Los Chorreones:
Cortijo ubicado en la Sierra del Regaliz donde se pueden encontrar abundantes nacimientos de agua.
- Paraje del Nevazo:
Bosques de nogueras, encinas, pinos negrales, donde destaca especialmente la sabina albar, en él se encuentra uno de los pinos más grandes de la provincia y la sabina más alta.
- Cortijo del Alcabache:
Ubicado en el suroeste del término de Letur y limitado con Nerpio se encuentra esta zona donde destaca la sabina más vieja de la provincia.
- Sierra del Cerezo:
Limítrofe con la provincia de Murcia, era un antiguo paso fronterizo de las huestes musulmanas.
- Junta del Río Taibilla y el Segura:
Punto de encuentro de estos dos ríos, es una zona de choperas y pinares, en donde se unen los términos de Yeste, Elche de la Sierra y Letur.
- Sierra del Tobar:
Sierra que recorre el término de Letur en dirección Noreste-Suroeste, en donde encontramos numerosos nacimientos de agua, casas de labranza, bosques y valles de gran belleza.
- Sierra del Regaliz:
Excelente mirador natural que nos ofrece una de las vistas más bonitas del casco urbano de Letur y de las hoces del Segura, así como de la Longuera y la Peña San Blas, ya en el término de Elche de la Sierra.
Situada en la falda de una elevada sierra que le resguarda de los vientos del Norte, a la margen izquierda del río Mundo. Colgada sobre el valle del río Mundo, Liétor es la población encargada de despedir la sierra a este afluente del Segura. Desde aquí, las aguas del Mundo se dirige a tierras murcianas.
La historia se ha encargado de dejar un buen legado en esta población, haciendo saber así la relativa importancia que Liétor ostentó durante buena parte de su existencia. El ajuar encontrado en una cueva del lugar conocido como "Los Infiernos", fechado entre los siglos X y XI, nos habla de un período de ocupación musulmana en el que la población formaba parte de la frontera con los reino cristianos. El caballero árabe al que pertenecieran los objetos que lo componen, debía pasar buenas temporadas guerreando y defendiendo los territorios de Al-Andalus o intentando anexionar otros nuevos.
Tras la Reconquista, el monarca Fernando III donó el pueblo a la Orden de Santiago, dependencia administrativa que perduraría hasta mediados del siglo XIX. La vocación fronteriza de Liétor se mantuvo durante muchos años, pues aún a finales del siglo XIII, allá por los años 1272 y 1275, Liétor era frontera con los territorios de Alcaraz. Esta situación fronteriza, tanto entre musulmanes y cristianos como entre el señorío de Alcaraz y la encomienda santiaguista de Socovos –a la que pertenecía Liétor- hacía muy difícil la vida en esta población. Esto queda reflejado en una carta que, en 1480 dirigió Alonso de Cárdenas, a la sazón maestre de la Orden, al concejo del lugar y en la que se puede leer que "por estar junto a la frontera de los moros vevis todos los de dicha villa en grandes fatigas e mengua de mantenimientos".
También su población sufría las consecuencias en cuanto a número de habitantes, ya que si en 1468 había 250 vecinos, en el 1498 quedaban tan solo 160. Aparecen aquí, a partir del último tercio del siglo XV, los caballeros de cuantía, a cuyo linaje se deben las hermosas casas que aún se pueden ver en las calles del pueblo. Era de su ocupación la de guerrear y controlar las fronteras con los vecinos reinos musulmanes, y por ello quedaban exentos de buena parte de los pagos e impuestos que de otra manera deberían haber aportado a las arcas de la encomienda.
Liétor es un pueblo con vocación de visitable, así lo demuestran sus calles limpias y bien cuidadas, de entre las cuales destacan las casas que conforman el casco histórico, monumentos y lugares que se configuran como puntos de visita obligada: La Iglesia parroquial de Santiago Apóstol en la calle principal y en el centro de la población, se levanta sobre el solar de otro edificio anterior, quizá de origen medieval y del que tan sólo subsiste la torre; la ermita de Belén que destaca por sus pinturas murales, se trata de un sencillo templo del siglo XVI en cuyo interior, los frailes de un convento capuchino cercano pintaron excelentes murales con temas religiosos, todo, hasta la sacristía, y la escalera del camarín, está decorado con colores brillantes. Las pinturas están fechadas en 1734; el convento de las Carmelitas y el Pilar.
Orientada para recibir las primeras luces del día, la población de Molinicos se aferra a la falda que lo sustenta en un magnífico derroche de equilibrio arquitectónico. Su término municipal ofrece la posibilidad de realizar visitas a lugares de singular belleza natural y a unas aldeas que todavía conservan el carácter original de las construcciones serranas.
La situación geográfica de Molinicos, casi en el centro de los territorios que conforman la Sierra del Segura, lo ha hecho partícipe de todos los avatares históricos que, de una u otra forma, han gestado el carácter de estas tierras.
Así, de los períodos de dominación árabe quedan aún vestigios en las torres de vigilancia y los torreones, la mayor parte de ellos fechados en el siglo XII, que servían de red de comunicaciones a todo lo largo de la divisoria de aguas entre los valles del río Segura y el río Mundo. Esta debía ser, además, una importante zona de comunicación entre los territorios alcaraceños, al norte, y musulmanes, al sur.
De la importancia de este enclave, que entonces era Morote, el control de la zona, nos puede dar idea el hecho de que todas estas atalayas sirvieran a un castillo principal del que hoy no queda más que el recuerdo y que debía hallarse en el cerro del castillo que aún perdura en los alrededores de la población.
Más tarde, sus tierras serían frontera entre el señorío de Alcaraz y la encomienda santiaguista de Yeste-Taibilla, lo que –a tenor de las malas relaciones entre ambos partidos- debió suponer un continuo estado de excepción en esta población.
1562 Molinicos, que entonces se centraba en la población de Morote, solicita al monarca castellano el privilegio de villazgo. A esta petición se suman laspoblaciones de Ayna y Elche de la Sierra. La respuesta llegó el 22 de septiembre de 1565, cuando Felipe II otorga el privilegio solicitado a Ayna y convierte a las otras dos poblaciones mayores no agradaba a los habitantes de esta población, que el 1 de septiembre de 1844 pide su independencia respecto de Elche de la Sierra, cosa que consigue con fecha de 14 de junio de 1845.
La situación de Molinicos en una ladera orientada al saliente sobre el arroyo de Oleros o de los Duendes, convierte su casco urbano en un entramado de empinadas y estrechas calles que parecen no querer desprenderse de ese agradable y sosegado ambiente serrano.
En su calle Mayor, que parte de la plaza de entrada a la villa y discurre casi paralela al barranco de los Oleros se encuentran frente a frente, el ayuntamiento y la iglesia. El innovador diseño de ésta última contrasta con la tradición que, cada primavera se instala en uno de los árboles que la jalonan. Y es que, por esas fechas su follaje es un continuo ir y venir de gorriones en la febril actividad de dar alimento a unos pollos recién nacidos en la infinidad de nidos que allí se establecen.
Una visión especialmente atractiva de la población se consigue desde la otra orilla del arroyo de los Oleros, en la carretera que conduce hacia los terrenos de Tus. Desde allí, Molinicos se nos presenta como un continuo de tejados de recia teja árabe, muchos de los cuales coinciden con el nivel de la calle superior creando una curiosa estructura urbana.
Pero quizá, el mayor atractivo de Molinicos no esté en el interior de su casco urbano, sino en esos alrededores rebosantes de naturaleza, en esas aldeas aún habitadas y que se asoman sin recato a los cortados de los arroyos que surcan el terreno; en esos cortijos aislados que, siguiendo la tradición árabe de aprovechamiento del agua, se rodean de una pequeña pero feraz huerta cuyo verdor destaca entre los interminables campos de almendros. Este árbol, el almendro, es el responsable de la belleza paisajística de Molinicos a mediados del invierno, cuando los campos lucen de blanco o rosa luminoso por gracia de la avanzada floral que no madurará hasta pasado el verano.
Un punto de especial belleza en este término municipal lo constituye su aldea de Mesones. Allí Molinicos se llega hasta el río Mundo entre pinares, choperas y roqueados, que recibe multitud de visitantes.
El Pino del Toril: Una de las características paisajísticas de los calares, que tanto abundan en esta sierra, es la presencia de dolinas. Estas no son sino formaciones geológicas con una forma muy parecida a la de un embudo, resultado de la erosión que el agua produce sobre la roca caliza que conforma el terreno. Pues bien, del mismo fondo de uno de estos embudos, que aquí también se llaman torcas, se eleva la imponente figura de uno de los árboles más carismáticos de la Sierra. Se trata del Pino del Toril, 25m. de altura y más de 4m. de cuerda son las cifras de este pino laricio al que, pese a su enormidad, no es fácil encontrar. Escondido como está en el fondo de una dolina, hay que estar muy cerca de él para darse cuenta de su presencia. Nada lo delata excepto el repentino tropiezo con ese enorme tronco que parece brotar de repente. Ya junto a él, y observando esas ramas que, por su robustez, bien podrían ser árboles independientes, toma uno conciencia de su propio tamaño. El camino de llegada a este monumento vegetal, no es sencillo, y pese a que su localización queda dentro del término municipal de Molinicos, se encuentra mucho más próximo a la vecina población de Riópar.
La villa de Nerpio se asienta en el centro de una cuña que Albacete introduce entre Andalucía y Murcia, y su término municipal linda con los territorios de Murcia, Granada y Jaén.
Su paisaje, dominado por la Sierra de las Cabras, está bañado por la aguas del río Taibilla, en cuyas orillas se conservan indicios de una larga historia de poblamiento humano.
Nerpio es quizá uno de los pueblos cuya antigüedad está más atestiguada. Las pinturas rupestres de la Solana de las Covachas, las de las Bojadillas, las de la Hoz, etc., dejan constancia de ello y conforman la mayor concentración artística rupestre de todo el territorio albaceteño, aunque constituyen una seriación temporal, se fechan hacia el 2.000 a. C. y lo incorporan a la Edad del Bronce II.
Los hallazgos relaizados en dicho yacimiento ponen de manifiesto la existencia de contacto entre los habitantes de estas sierras y los de las costas del Mediterráneo, así lo demuestran los objetos de ascendencia griega o fenicia de finales del siglo VI a. C.
La ocupación romana también llegó a tierras de Nerpio, y en ellas permanecen aún los restos de una necrópolis, en Vizcable, y el renombrado “tesorillo de Nerpio”, compuesto por un conjunto de monedas republicanas.
También junto al río Taibilla se encuentra otro de los mudos testigos de la historia de Nerpio, se trata de la fortaleza de Taibona, castillo almohade próximo a la pedanía de Pedro Andrés y de la que aún se pueden contemplar restos de murallas almenadas y la robusta torre del homenaje.
La reconquista llegó hasta estas tierras tan próximas a los reinos de Murcia y Granada en tiempos del monarca Fernando III el Santo, que dispuso fueran entregadas a la Orden de Santiago.
Así pasó Nerpio a pertenecer a la jurisdicción de Segura de la Sierra, de la que se separaría al formarse la encomienda de Yeste. Sería en esta última en la que la población iba a quedar enmarcada hasta 1851, año en el que termina la influencia de la Orden de Santiago en el territorio.
Junto a las aguas del río Taibilla, punto de referencia imprescindible a la hora de hablar de las tierras de Nerpio, el casco urbano de la población ofrece la posibilidad de un agradable paseo, pero no es sólo el caserío lo que se brinda al visitante, sino también algunos parajes cercanos que poseen una especial significación y belleza.
El conjunto urbano, como ocurre en muchos pueblos de esta Sierra, mantiene un cierto regusto medieval, la historia parece no querer abandonar las estrechas y recoletas calles y plazuelas. De entre todas sus construcciones es una de carácter religioso la que destaca, se trata de la iglesia parroquial dedicada a la Purísima Concepción. La obra está fechada en el siglo XVIII, y mantiene rasgos barrocos pese a las posteriores reformas que le han afectado. Es destacable el hecho de que bajo el camarín del templo, una calle va a desembocar a la plaza, adecuada ahora para el esparcimiento de la población. Los alrededores de Nerpio permiten conjuntar, en un mismo recorrido, los temas naturalísticos e históricos que aquí parecen ir de la mano.
El Plantón del Covacho, a orillas del Taibilla y a unos 2 km. de la cabeza del municipio, es una de las joyas de esta villa, se trata de un Monumento Natural –así declarado actualmente-, de un nogal que con sus 6 metros de cuerda y unos 500 años de vida da la medida de la grandiosidad de la naturaleza en esta zona. Al reposar bajo sus hojas, de agradable olor a manzanilla, está uno acompañado por un ser vivo que ya lo estaba cuando Granada aún era mora.
Siguiendo el curso del río hacia sus fuentes se llega a la Tercia, justo debajo de la torre del homenaje y las murallas de la fortaleza de Taibona. Del edificio, que en tiempos fuera de la Tercia, queda aún prácticamente todo, aunque mal conservado, algunas puertas de arco se han tapiado, y no se han respetado algunas de sus centenarias piedras.
Las aguas del Taibilla, eran las encargadas de mover los molinos que abundaban en la zona, de todos ellos perduran dos, uno en el mismo casco de Nerpio y el otro conocido como Molino de Cipriano, junto al Plantón del Covacho.
Pinturas rupestres: De los diferentes conjuntos de pinturas rupestres que aparecen en la zona de Nerpio, el de la Solana de las Covachas fue el primero de los descubiertos por D. José Sotos, maestro de la pedanía de Pedro Andrés, en 1954.
El paraje en el que se ubican los abrigos domina una extensa área que, supuestamente conformaría parte de los territorios de caza de los pobladores de estas tierras que, más que residentes bien podrían ser cazadores nómadas. Estos conjuntos rupestres serían, en tal caso, habitaciones de temporada cuando se desplazaban en pos de las manadas de grandes unglados.
La antigüedad de las pinturas varía, pues parece que existen varias superposiciones artísticas. El conjunto parece que pertenece al período neolítico avanzado, y entronca el tradicional arte levantino con el esquemático de la Edad del Bronce.
Ciervos y cabras aparecen en los lienzos de los abrigos –no en todos- mezclados con figuras humanas, éstas últimas a veces armadas con arcos y flechas, son pintadas de muy diversas formas, ya que en ocasiones poseen penacho de plumas a modo de tocado. Otras representaciones humanas de diferente estética parece que podrían relacionarse con figuras femeninas. Menos abundantes son otro tipo de animales, como los bóvidos o los caballos que, seguramente no eran piezas de caza tan habituales como las otras.
El Torcal de las Bojadillas, el Molino de las Fuentes, o el prado Tornero, son algunos enclaves más en los que es posible contemplar pinturas rupestres tan interesantes como las anteriores, siempre dentro del término municipal de Nerpio.
Un paisaje de singular belleza rodea a esta pequeña población serrana que ocupa el lugar más septentrional de la Sierra del Segura. Y es que Paterna, llamada “del Madera” por uno de los ríos que bañan su término municipal, está inmersa en plena Sierra del Agua.
El pinar y la madera que produce, son la principal fuente de riqueza de una economía complementada con la explotación ganadera del monte.
La población de Paterna del Madera se encuentra a 96 Km. de Albacete y limita con:
* Norte: Con Peñascosa y Alcaraz.
* Al Sur: Con Molinicos.
* Al Este: Con Bogarra.
* Al Oeste: Con Riópar.
Su Historia
Contemplando ahora el emplazamiento de Paterna del Madera no cuesta demasiado suponer que su belleza paisajística, su abundante agua y su rica fauna, hayan atraído desde siempre, a los pueblos que han habitado estas tierras Serranas.
Así, restos ibéricos se pueden encontrar en sus inmediaciones y nos remontan a la época en la que las gentes se refugiaban en peñones y reductos de difícil acceso desde los que era más difícil defenderse.
Metidos ya en la Edad Media, los avatares históricos de Paterna van íntimamente ligados a los de Alcaraz, pues ha sido aldea de aquella villa hasta hace relativamente poco.
De cualquier forma, hay evidencias de poblamiento Árabe antes de que el Alfoz se convirtiese al Cristianismo por gracia de la Reconquista. Estos inicios se plasman en el Castillo árabe – del ahora no quedan restos – y cuya existencia se tiene noticia por figurar entre los relacionados en las donaciones a la Orden de Santiago.
También el cerro Mencal, cerca de la población posee leyenda árabe de la que resulta ya difícil conocer la narración de la misma, pues se ha ido difuminando de boca en boca a lo largo del tiempo.
Anécdotas históricas sí posee Paterna, y es que hasta aquí llegó en influjo de ciertas instituciones medievales que, como en el caso del Santo Oficio, hacían aún más difícil las vidas de las gentes. Ahora, con la perspectiva histórica, aquellas situaciones pueden parecer triviales, como la ocurrida aquí en Paterna en 1611, cuando, según cuenta J. Blázquez en su libro titulado “La Inquisición en Albacete” Francisco Quiralte fue reprendido y desterrado por dos meses por afirmar sus ateísmo a través de una copla.
Entre anécdotas y dependencias tuvo que esperar Paterna hasta el siglo XIX para conseguir su independencia respecto a Alcaraz.
Su Visita y Alrededores
Haremos un breve recorrido por la población de Paterna que se sitúa sobre la ladera de un monte por lo que sus calles están sobre pendiente (muy común, por cierto, en todos los pueblos de la Mancomunidad), muchas de ellas son de uso exclusivo para el peatón por lo que el casco urbano es transitable y tranquilo debido a esta característica.
Paterna está enclavada en plena Sierra del Agua y sus aldeas, tales como el Batán del Puerto ó Tortas están desperdigadas entre vegas y pinares, aunque la gran mayoría están sufriendo la temida “despoblación” que desgraciadamente no es el único lugar en el que ocurre.
A la entrada de Paterna por la carretera de Bogarra nos podemos encontrar un edificio que contrasta especialmente con la arquitectura del pueblo, aunque por lo general se mantiene el espíritu tradicional en su arquitectura, calles , su Plaza del Ayuntamiento y sus costumbres.
Pero quizás lo más destacable de Paterna no se encuentra en su villa, sino en esos alrededores en los que la naturaleza muestra toda su plenitud. Y es que la Villa se encuentra en plena Sierra del Agua, una de las zonas más bellas de cuantas conforman la Sierra del Segura.
Desperdigada entre vegas y pinares, las aldeas que forman el municipio mantienen esa belleza serena y relajada con la que se suele identificar la vida serrana.
Sin embargo, es también cierto que muchas de ellas están siendo azotadas por la despoblación. En consecuencia, es posible encontrara aldeas en las que tan solo quedan ya los mudos testigos de las piedras.
Cerca de Paterna, se pueden encontrar lugares de gran belleza paisajística, como la Fuenfría, el Encebrico, La Fuente Lisa, o los Cortijos, así como alturas desde las que contemplar amplias extensiones de terreno. Y es que, no en vano, Paterna, situado a 1.172 m sobre el nivel del mar, es el pueblo más alto de toda la provincia de Albacete.
El lugar conocido como el Batán del Puerto, muy próximo a la aldea de Río Madera, posee un especial encanto al estar situado en el punto en que se juntan el río de las Hoyas y el de los Endrinales. En ese lugar se forma el Río Madera, el mismo que da nombre al municipio.
Sobre el paraje, levantados a plomo, los cortados rocosos que unen el Cerro de Pimpollar y Peñalta, imponen su majestuosa presencia.
Situada en pintorescos parajes en la sierra del Agua, cubierta de bosques y cruzada por arroyos que originan el río Madera, afluente del Mundo.
Para alcanzar este destino, la carretera antigua, la CM-3216, lleva por Vianos, el puerto del Barrancazo y el de las Crucetillas hasta el valle del Mundo y Riópar, a 56 km. Hace ya tres años se abrió la CM-412, 16 km. más corta que la primera y en mucho mejor estado. Permite alcanzar Riópar por Salobre, donde hay un centro vacacional a orillas del río.
Ubicado en plena sierra, este municipio –que gracias a su aldea de Umbría Angulo linda con el Parque Natural andaluz de Cazorla, Segura y Las Villas- posee la única zona de protección especial de la provincia de Albacete. Se trata del paraje conocido como Los Chorros, y que engloba el espectacular Nacimiento del Río Mundo.
Son muchas las citas que, ya desde el siglo XI, se refieren al lugar elogiando su belleza, y en el siglo XV alguien, a quien algunos autores identifican con Jorge Manrique, escribió: "Está a una legua de Riopal, e ase de creer que dubdaría en el mundo aver otro mas fermoso ni tanto".
El pueblo original conocido hoy como Riópar Viejo, se llamó originalmente "Fábricas de San Juan de Alcaraz" (en una clara referencia a su origen dieciochesco), una factoría abierta en 1772, de la época de Carlos III para la elaboración de bronce y latón.
Riópar ocupa la antigua localización de un poblado romano, tras la invasión visigótica perteneció a la Cora de Todmir –el renombrado Conde Teodomiro-, servidumbre que pasó luego al imperio musulmán.
Alfonso VIII reconquistó la zona en 1213 y Riópar fue durante 62 años, municipio independiente, su libertad administrativa terminó cuando, en 1275 un privilegio de Alfonso X la hacía depender del Alfoz de Alcaraz.
En 1475, y tras largos años de encomadas disputas con el Marquesado de Villena, Riópar queda bajo la protección del Conde de Paredes de Nava, y no será hasta el siglo XIX, cuando la abolición de los señoríos la dote de total independencia.
Un hecho de la máxima significación en la historia del municipio es el asentamiento de su famosa industria metalúrgica. Fue Carlos III, gracias a una Real Cédula, quien autorizó al ingeniero vienés Juan Jorge Graubner en 1772, para explotar las minas de calamina y establecer la factoría de elaboración de latón en la vega. Consecuencia directa del asentamiento fabril en el valle fue el paulatino despoblamiento del antiguo núcleo urbano. Las gentes bajaban a habitar en las cercanías de la factoría y poco a poco se fue creando el que ahora es su núcleo principal de población.
El pueblo se construyó para los trabajadores y fue creciendo hasta casi despoblar el verdadero Riópar, que se levanta aún en lo alto del cerro cercano. Al final, Fábricas terminó por llamarse Riópar y el pueblo antiguo pasó a ser Riópar Viejo, el cual muestra aún restos de sus tres recintos fortificados y la coqueta iglesia del Espíritu Santo, de origen medieval. Su construcción se atribuye a una orden militar, que la diseñó orientada a Jerusalén. Durante la restauración salieron a la luz unos frescos en la pared del altar mayor.
Las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz, s. XVIII, origen y razón de ser de la población nueva, son de obligada visita. Frente a su edificio principal el Parque del Conde de Velle ofrece la posibilidad de relajarse bajo los plataneros –que así se llama aquí a los plátanos de sombra-. Son también plátanos los que adornan los dos ejes varios fundamentales del casco urbano: la calle de los Jardines y el Paseo de los plátanos. En este último es posible contemplar los murales pintados que representan rincones típicos del municipio. También se instala, durante los meses de verano, la Oficina de Turismo, en la que se puede recabar cuanta información se desee sobre aspectos turísticos y recreativos tanto del propio municipio como de los colindantes.
Junto al vértice de unión de ambas vías está la Plaza de Luis Escudero (alcalde que fue de la villa), es esta plaza, abalconada sobre la calle, lugar de reunión veraniega y escenario en el que se celebran las tradicionales verbenas nocturnas, en su centro se encuentra la fuente, con cuatro leones sentados en círculo y en su lateral el edificio del Ayuntamiento.
Riópar Viejo, el núcleo original, permite visitar las ruinas del castillo del s.XVIII en las que aún es posible contemplar parte de la torre del homenaje, frente a él, la iglesia gótica de la Virgen de los Dolores, considerada bien de interés cultural y punto de encuentro de las gentes durante la romería celebrada en septiembre en honor a la virgen titular.
Los Chorros son punto ineludible en la visita a Riópar, a la entrada de la explanada que se destina al aparcamiento de los vehículos, y frente al restaurante, se encuentra el aula de interpretación, un monitor es el encargado de explicar su contenido, así como de acompañar a los grupos interesados en el recorrido hasta las "calderetas" –pozas a las que cae el agua desde la cueva-.
El itinerario de la naturaleza, en la carretera de la Cañada, es otro punto de reunión para todo aquel que desee conocer la fauna local y contemplarla en su hábitat natural. Es posible también visitar su museo etnográfico, contemplar audiovisuales sobre la Sierra, o solicitar un guía para realizar itinerarios de senderismo, turismo ecuestre o bicicleta de montaña.
Puntos altos como la Almenara o el Malojar, permiten contemplar unos extraordinarios paisajes, mientras que otros como Fuente Grande, el cortijo de la Basilisa o el puerto del Arenal, están dotados de la necesaria infraestructura para disfrutar de una buena comida campestre en unos parajes de singular belleza.
El actual Riópar se ha convertido en el gran centro de servicios del valle del río Mundo. La fábrica cerró hace medio siglo, pero se sigue trabajando el bronce en talleres artesanales.
Las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz,Corría el año 1773 cuando las numerosas gestiones llevadas a cabo por el ingeniero austríaco Hans Georg Graubner –al que aquí siempre se ha castellanizado como Juan Jorge Graubner-, dieron sus frutos. El monarca Carlos III aprobó por fin, mediante una real cédula, el establecimiento de la fábrica de latón que daría origen al nuevo poblado de Riópar. Después de un período como empresa privada, dependió luego del Ayuntamiento de Alcaraz, aunque su fundador mantuvo el puesto de director y gerente.
Desde entonces hasta nuestros días, han sido muchos los avatares sufridos por esta empresa, fue mixta, pública, privada,... pero mantuvo siempre el privilegio de ser la primera de su clase establecida en España y la segunda de Europa. De los talleres que se esconden tras sus históricos muros, han salido y salen extraordinarias piezas de bronce y latón en cuya producción se siguen utilizando métodos artesanales, muchas de estas piezas son verdaderas obras de arte que muestran tanto la imaginación como la habilidad de los artesanos broncistas. Al amparo de dicha fábrica se han creado numerosos talleres que han aprovechado el auge de la zona para establecerse, así Riópar se ha convertido en un punto de referencia fundamental en lo que a artesanía del bronce se refiere.
Río Mundo El Nacimiento del Río Mundo. A 8 km. de Riópar, por la CM-3204 en dirección Siles, el Río Mundo, afluente del Segura, nace en un espectacular salto de más de 80 m de altura. La cueva, conocida como "Los Chorros", tiene una boca de 25 m de diámetro y drena el agua de lluvia caída sobre el calar del Mundo.
El río al desplomarse, forma un bello conjunto de pozas y resaltes accesibles mediante una senda. La fama del paraje ha obligado a las autoridades a regular el acceso. Sólo está permitida la permanencia simultánea de 125 coches en la explanada cercana a la cueva, donde hay mesas, bancos, barbacoas y un centro de interpretación que abre a horas variables durante fines de semana y períodos de vacaciones. A la entrada, en la CM-3204, se ha habilitado otro aparcamiento. Desde este punto, hasta el Nacimiento hay 2,5 km.
El Valle del Mundo Hay que volver a Riópar y tomar la CM-412 en dirección a Elche de la Sierra. En "El Laminador", un carretera marca a la izquierda el camino hacia la Vegallera y la Cañada del Provencio, por ella se llega, 2,5 km. más adelante, al Centro de Educación Ambiental "La Dehesa", con cabañas de piedra y madera para alojamiento rural y un aula de naturaleza con animales autóctonos (lobos, ciervos, zorros, rapaces,...)La ruta prosigue por el valle del Mundo, dejando atrás parajes de interés natural y pequeños pueblos, llegando así hasta Elche de la Sierra, a 42 km.
Se encuentra muy cerca de la provincia limítrofe Región de Murcia y del pantano del Cenajo, al que vierte sus aguas por medio del arroyo de Benizar. Su proximidad a este pantano que remansa al gran Segura antes de abandonar la Sierra, ha convertido a esta población en un punto de referencia clave en cuanto a actividades acuáticas y deportivas.
El poblamiento de Socovos y sus alrededores viene de antiguo, los barrancos, los peñones y el arroyo de Benizar, que recorre el término, debieron ser lugares bien atractivos para las diferentes culturas que poblaron esta zona, pues ya en la Edad del Bronce estaban habitados.
Manifestaciones de tal poblamiento han perdurado hasta nuestros días en forma de restos arqueológicos que podrían remontarse hasta finales del paleolítico o principios del neolítico. Todos estos antiguos yacimientos corresponden a zonas de abrigos rocosos, si bien, en algunos casos ha habido una posterior utilización de las áreas inmediatas por culturas posteriores. Así ocurre en los lugares en los que la romanización hizo que se establecieran fortificaciones militares, como es el caso del cerro del Cerrabú, en cuya cima se encuentran restos de un castro.
El período del Socovos musulmán, del Squbus, terminó en tiempos del monarca castellano Fernando III el Santo, que fue el que reconquistó estos territorios. La Orden de Santiago se hizo cargo de la administración del territorio y nombró a Socovos cabeza de una encomienda vecina a la de Yeste, en ésta quedaban incluidos los actuales pueblos de Socovos, Letur, Liétor y Férez. Fue en ese tiempo cuando, por gracia de Alfonso X el Sabio, Socovos alcanzaría el privilegio de villa. La situación de los terrenos que conformaban la encomienda los hacía poco apetecibles para el asentamiento de la población, ya que estaban continuamente azotados por las rafias de los musulmanes. La calma, aunque nunca total, llegó con el fin de la reconquista del reino de Granada, y este hecho permitió una paulatina repoblación.
El año de 1673, Socovos pasa a depender de Cieza, pues allí se instaló la cabeza de la Gobernación del Valle de Ricote. A mediados del siglo XIX, cuando desaparece la jurisdicción santiaguista, Socovos queda libre de su dependencia y de su cargo como cabeza de la encomienda a la que daba nombre.
Tanto en el interior de su entramado callejero como en sus alrededores, Socovos posee sugerentes puntos de interés para el visitante, y es indiferente si lo que se busca es arte, historia, paisaje, o deportes en contacto con lo natural, pues todo ello está bien representado o es posible realizarlo en Socovos. En cuanto al legado monumental e histórico de la población destaca su castillo, ahora en estado ruinoso, pero del que aún se conservan sus murallas, parcialmente almenadas, y parte de su torre del homenaje.
Su origen es árabe, y se supone construido en el siglo XII, aunque posteriores remodelaciones tuvieron lugar durante el reinado de Felipe II y fueron llevadas a cabo por el maestro Nicolás de Ledesma. El expolio y la utilización, para otras construcciones,de los materiales que le daban forma, han ido menguando su presencia hasta dejarlo en el estado actual que, sin embargo, le permiten conservar aún un cierto aire de importancia. Junto a los restos de la fortaleza almohade se levanta la iglesia vieja, dedicada a la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. La construcción del templo se llevó a término durante el siglo XVI, al conceder permiso el monarca Felipe II al Concejo para realizar las obras correspondientes.
La torre es de factura posterior, ya que en ella figura la fecha de 1657. En el interior del templo se encuentra un importante púlpito plateresco del siglo XVI. Parte de los tesoros artísticos de la iglesia de la Asunción se trasladaron a la iglesia moderna, incluida ya en el casco urbano. En ella se pueden contemplar algunas tallas salidas del taller de Salzillo, como una buena Dolorosa “de vestir”. Tambiénse encuentra una talla de San Sebastián, en madera, fechada en el siglo XVII.
Los alrededores de Socovos están plagados de bellos e interesantes lugares donde disfrutar de un buen paseo, como en el área recreativa de El Cañar, la Cabaña de Buendía, la ermita de los Santos Felipe y Santiago –los santicos-, o los puntos de interés arqueológico. Entre estos últimos cabe destacar los de la Solana del Molinico, Peña Bermeja, la Peña de Sta. Bárbara, o el Cerro del Prado, también conocido como Cerrabú.
Además, Socovos posee en su término parte del pantano del Cenajo, lugar especialmente indicado para la práctica de deportes acuáticos como el windsurf, la vela o el piragüismo, así como la pesca.
El Pántano de El Cenajo, Justo antes de que las aguas del gran río Segura –que da nombre a la Sierra- se hagan murcianas, se embalsan en el pantano del Cenajo. La construcción de la presa se inició en el año de 1957 en pleno apogeo de la política de embalses, y se terminó en 1960. Es este el mayor embalse de cuantos posee la provincia de Albacete, y su presa que casi hace de frontera entre la Región de Murcia y la Comunidad de Castilla La Mancha, se eleva 84 metros desde el fondo del antiguo cauce. El destino de las aguas represadas en el Cenajo es, principalmente, la huerta murciana, sin embargo, de un tiempo a esta parte, el auge del turismo de interior, ha propiciado su aprovechamiento para otros fines. Así, la población de Socovos, ha promovido el desarrollo de actividades acuáticas que amplían y hacen más atractiva la oferta turística de la Sierra del Segura.
El paraje conocido como “El Cañar”, que corresponde a una de las colas del embalse, precisamente a la que llega el arroyo de Benizar, se presenta ahora como un punto vital para estas actividades, pues es en él en donde se imparten los cursos de piragüismo, windsurf y vela. El dotar a este paraje de la necesaria infraestructura lo convertirá en un punto de obligado encuentro para cuantos amantes de los deportes náuticos visiten la Sierra. También la pesca es un deporte a practicar en las irregulares orillas del embalse, sobre todo de barbos y carpas, las dos especies más abundantes en sus aguas.En la zona más occidental del territorio, y fronteriza con la andaluza provincia de Jaén, la población de Yeste es la primera en recibir aguas delrío Segura. La importancia que esta villa poseyó antaño, como frontera con el reino de Granada, queda patente en un sorprendente y bien conservado legado monumental.
El terreno que conforma el término municipal de Yeste muestra evidencias de la larga tradición de asentamientos humanos en al zona. Los restos se han encontrado en los abrigos de Molino del Vadico, Palomar y Tus. Todos estos yacimientos se enmarcan en el período paleolítico superior, coincidiendo con su etapa final.
De cualquier forma, la existencia de seriación sedimentaria indica que la utilización de tales abrigos podría remontarse aún más en el tiempo.
La ocupación romana también alcanzó tierras de Yeste, y así, sus pedanías de La Graya y Góntar, muestran restos de esta civilización. Algunos de ellos son de indudable valor, como el conjunto de monedas incluidas en una vasija que se encontró en la aldea de Góntar.
Durante el período musulmán, y ya en el siglo XI de nuestra era, se había establecido un reino de taifas de poca extensión que tenía su capital asentada en la importante villa jienense de Segura de la Sierra. A este reino perteneció Yeste hasta que el día 5 de julio de 1243, el que después sería Alfonso X el Sabio, confirmó la donación de Segura de la Sierra a la Orden de Santiago.
En 1245 se organizan administrativamente las encomiendas santiaguistas de Moratalla, Socovos y Yeste-Taibilla, con lo que esta población pasó a convertirse en cabeza de su encomienda. Su situación fronteriza con los territorios aún musulmanes, hacía difícil la vida de las gentes en la zona, y obligaba a una importante presencia militar.
Durante la Baja Edad Media, Yeste, que fue repoblada a fuero de Cuenca, como ocurrió con otras zonas santiaguistas, fue la villa de mayor población y uno de los enclaves más poderosos frente al reino granadino.
Hasta mediado el siglo XIX la villa dependió administrativamente de la Orden de Santiago, de cuya servidumbre quedó liberada al disolverse las Órdenes Militares. Renombrados en la historia reciente de Yeste son los sucesos del 36, justo antes de la Guerra Civil Española, en los que la revuelta popular intentó poner fin a los desmanes señoriales que todavía perduraban.
La importancia medieval de la villa de Yeste se plasma en la multitud de monumentos y lugares de interés incluidos dentro de su casco urbano. De ellos destacan, como puntos de referencia obligada, el robusto y bien conservado castillo y la iglesia parroquial de la Asunción, y es que, la población estuvo amurallada y su urbanismo quedó definido a través de dos puntos importantes, el castillo y la iglesia.
El castillo se halla sobre un cerrete en el centro de la población, y su construcción parece remontarse al siglo XIII. Posteriormente ha sufrido diversas modificaciones que han terminado por darle el aspecto que actualmente se puede contemplar. Pese a su antigüedad, es seguramente el mejor conservado de cuantos aún perduran en la Sierra del Segura. Es destacable también en este castillo, su patio interior, irregular y con doble galería corrida.
La iglesia de la Asunción es el otro hito fundamental del legado monumental de la villa, no en vano ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Se trata de un templo del siglo XVI en el que se conjuntan los estilos arquitectónicos gótico y renacentista, De cada uno de ellos destacan las portadas. La del edificio primitivo está levantada en la línea del estilo Reyes Católicos, mientras que la correspondiente a la nave renacentista pertenece a las del tipo Vandelvira.
En el interior del templo se encuentra una magnífica talla de la Dolorosa, obra atribuida al prolífico imaginero murciano Francisco Salzillo. Realizada en madera policromada y con la técnica del estofado, sufrió daños durante el 1936 y fue restaurada con posteridad.
Además de estos dos monumentos fundamentales, por el casco urbano de Yeste se dispersan otros como la ermita de Santiago, del siglo XVI, la capillla privada de D. Martín Pérez de Ayala, obispo que fuera de Cartagena y arzobispo de Valencia, el oratorio público dedicado a la Virgen del Tránsito, y el edificio del Ayuntamiento, de factura renacentista.
Las calles de la Cava y Guerreros son de paseo ineludible, pues mientras en la primera se localiza la renombrada Casa del Vicario, en la otra –la de Guerreros- se encuentran algunas casas que conservan su original estructura señorial, con patios adintelados.
Los alrededores de Yeste, poseedores de un bellísimo y agreste paisaje, ofrecen también buenos lugares de visita, como el Pantano de la Fuensanta, sobre el Segura, o el Balneario de los Baños de Tus, en el río del mismo nombre.
El Pino Candelabro es otro laricio que se encuentra en el Monte Ardal de Yeste dominando el paisaje del Valle de Tus, Moropeche, Majada Carrasca y Torre Rosquilla.
El Samba, La noche del 23 de agosto es en Yeste noche de fiesta. Se celebra entonces la romería a la ermita de San Bartolomé, en santo especialmente popular al que por aquí se le llama cariñosamente “El Samba”. La imagen del santo sale de la población en dirección a su ermita a hombros de sus protegidos, mientras los numerosos romeros y viditantes de Yeste en estas fechas se van desperdigando por el cerro. Sobre la población, para contemplar el espectáculo. Y es que no es para menos, desde las 11 de la noche van subiendo romeros por el camino con las típicas antorchas. Los montones de leña que se han dispuesto con anterioridad a todo lo largo del recorrido se van encendiendo antes de que llegue hasta ellos la imagen del santo, momento en el que comienzan a resonar las tracas y a lucir los fuegos artificiales. La noche se convierte en una algarabía de petardos, cohetes, antorchas y hogueras. La oscuridad se trastoca en una fiesta de luz y de color. Los romeros, los visitantes, y todos aquellos que hayan querido vivir el espectáculo en primera persona, se ven inmersos en una marea de cánticos, voces y estruendos a la que ponen música las notas de la “Diana de Yeste”. Esta pieza musical es el himno de ese día, y es cantada por todos los presentes durante toda la noche, entre aguardientes, mistelas y fuegos de artificio. A la manñana siguiente, con la imagen del Samba ya en su ermita, la calma vuelve a reinar en el majestuoso pasaje que rodea la villa.













































































































Hazte fan de La Quebrada del Molinojo Viejo y tendrás ofertas en nuestros alojamientos.
Siguenos a través de Twitter
De vez en cuando escribimos en nuestro Blog ¿te apetece verlo?
Contacta con nostros enviandonos un email o a través de nuestro formulario.