Yeste

En la zona más occidental del territorio, y fronteriza con la andaluza provincia de Jaén, la población de Yeste es la primera en recibir aguas delrío Segura. La importancia que esta villa poseyó antaño, como frontera con el reino de Granada, queda patente en un sorprendente y bien conservado legado monumental.

El terreno que conforma el término municipal de Yeste muestra evidencias de la larga tradición de asentamientos humanos en al zona. Los restos se han encontrado en los abrigos de Molino del Vadico, Palomar y Tus. Todos estos yacimientos se enmarcan en el período paleolítico superior, coincidiendo con su etapa final.

De cualquier forma, la existencia de seriación sedimentaria indica que la utilización de tales abrigos podría remontarse aún más en el tiempo.  

La ocupación romana también alcanzó tierras de Yeste, y así, sus pedanías de La Graya y Góntar, muestran restos de esta civilización. Algunos de ellos son de indudable valor, como el conjunto de monedas incluidas en una vasija que se encontró en la aldea de Góntar. 

Durante el período musulmán, y ya en el siglo XI de nuestra era, se había establecido un reino de taifas de poca extensión que tenía su capital asentada en la importante villa jienense de Segura de la Sierra. A este reino perteneció Yeste hasta que el día 5 de julio de 1243, el que después sería Alfonso X el Sabio, confirmó la donación de Segura de la Sierra a la Orden de Santiago. 

En 1245 se organizan administrativamente las encomiendas santiaguistas de Moratalla, Socovos y Yeste-Taibilla, con lo que esta población pasó a convertirse en cabeza de su encomienda. Su situación fronteriza con los territorios aún musulmanes, hacía difícil la vida de las gentes en la zona, y obligaba a una importante presencia militar. 

Durante la Baja Edad Media, Yeste, que fue repoblada a fuero de Cuenca, como ocurrió con otras zonas santiaguistas, fue la villa de mayor población y uno de los enclaves más poderosos frente al reino granadino. 

Hasta mediado el siglo XIX la villa dependió administrativamente de la Orden de Santiago, de cuya servidumbre quedó liberada al disolverse las Órdenes Militares. Renombrados en la historia reciente de Yeste son los sucesos del 36, justo antes de la Guerra Civil Española, en los que la revuelta popular intentó poner fin a los desmanes señoriales que todavía perduraban. 

La importancia medieval de la villa de Yeste se plasma en la multitud de monumentos y lugares de interés incluidos dentro de su casco urbano. De ellos destacan, como puntos de referencia obligada, el robusto y bien conservado castillo y la iglesia parroquial de la Asunción, y es que, la población estuvo amurallada y su urbanismo quedó definido a través de dos puntos importantes, el castillo y la iglesia. 

El castillo se halla sobre un cerrete en el centro de la población, y su construcción parece remontarse al siglo XIII. Posteriormente ha sufrido diversas modificaciones que han terminado por darle el aspecto que actualmente se puede contemplar. Pese a su antigüedad, es seguramente el mejor conservado de cuantos aún perduran en la Sierra del Segura. Es destacable también en este castillo, su patio interior, irregular y con doble galería corrida. 

La iglesia de la Asunción es el otro hito fundamental del legado monumental de la villa, no en vano ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Se trata de un templo del siglo XVI en el que se conjuntan los estilos arquitectónicos gótico y renacentista, De cada uno de ellos destacan las portadas. La del edificio primitivo está levantada en la línea del estilo Reyes Católicos, mientras que la correspondiente a la nave renacentista pertenece a las del tipo Vandelvira. 

En el interior del templo se encuentra una magnífica talla de la Dolorosa, obra atribuida al prolífico imaginero murciano Francisco Salzillo. Realizada en madera policromada y con la técnica del estofado, sufrió daños durante el 1936 y fue restaurada con posteridad.  

Además de estos dos monumentos fundamentales, por el casco urbano de Yeste se dispersan otros como la ermita de Santiago, del siglo XVI, la capillla privada de D. Martín Pérez de Ayala, obispo que fuera de Cartagena y arzobispo de Valencia, el oratorio público dedicado a la Virgen del Tránsito, y el edificio del Ayuntamiento, de factura renacentista. 

Las calles de la Cava y Guerreros son de paseo ineludible, pues mientras en la primera se localiza la renombrada Casa del Vicario, en la otra –la de Guerreros- se encuentran algunas casas que conservan su original estructura señorial, con patios adintelados. 

Los alrededores de Yeste, poseedores de un bellísimo y agreste paisaje, ofrecen también buenos lugares de visita, como el Pantano de la Fuensanta, sobre el Segura, o el Balneario de los Baños de Tus, en el río del mismo nombre.  

El Pino Candelabro es otro laricio que se encuentra en el Monte Ardal de Yeste dominando el paisaje del Valle de Tus, Moropeche, Majada Carrasca y Torre Rosquilla. 

El Samba, La noche del 23 de agosto es en Yeste noche de fiesta. Se celebra entonces la romería a la ermita de San Bartolomé, en santo especialmente popular al que por aquí se le llama cariñosamente “El Samba”. La imagen del santo sale de la población en dirección a su ermita a hombros de sus protegidos, mientras los numerosos romeros y viditantes de Yeste en estas fechas se van desperdigando por el cerro. Sobre la población, para contemplar el espectáculo. Y es que no es para menos, desde las 11 de la noche van subiendo romeros por el camino con las típicas antorchas. Los montones de leña que se han dispuesto con anterioridad a todo lo largo del recorrido se van encendiendo antes de que llegue hasta ellos la imagen del santo, momento en el que comienzan a resonar las tracas y a lucir los fuegos artificiales. La noche se convierte en una algarabía de petardos, cohetes, antorchas y hogueras. La oscuridad se trastoca en una fiesta de luz y de color. Los romeros, los visitantes, y todos aquellos que hayan querido vivir el espectáculo en primera persona, se ven inmersos en una marea de cánticos, voces y estruendos a la que ponen música las notas de la “Diana de Yeste”. Esta pieza musical es el himno de ese día, y es cantada por todos los presentes durante toda la noche, entre aguardientes, mistelas y fuegos de artificio. A la manñana siguiente, con la imagen del Samba ya en su ermita, la calma vuelve a reinar en el majestuoso pasaje que rodea la villa.