Socovos

Se encuentra muy cerca de la provincia limítrofe Región de Murcia y del pantano del Cenajo, al que vierte sus aguas por medio del arroyo de Benizar. Su proximidad a este pantano que remansa al gran Segura antes de abandonar la Sierra, ha convertido a esta población en un punto de referencia clave en cuanto a actividades acuáticas y deportivas. 

El poblamiento de Socovos y sus alrededores viene de antiguo, los barrancos, los peñones y el arroyo de Benizar, que recorre el término, debieron ser lugares bien atractivos para las diferentes culturas que poblaron esta zona, pues ya en la Edad del Bronce estaban habitados.  

Manifestaciones de tal poblamiento han perdurado hasta nuestros días en forma de restos arqueológicos que podrían remontarse hasta finales del paleolítico o principios del neolítico. Todos estos antiguos yacimientos corresponden a zonas de abrigos rocosos, si bien, en algunos casos ha habido una posterior utilización de las áreas inmediatas por culturas posteriores. Así ocurre en los lugares en los que la romanización hizo que se establecieran fortificaciones militares, como es el caso del cerro del Cerrabú, en cuya cima se encuentran restos de un castro.  

El período del Socovos musulmán, del Squbus, terminó en tiempos del monarca castellano Fernando III el Santo, que fue el que reconquistó estos territorios. La Orden de Santiago se hizo cargo de la administración del territorio y nombró a Socovos cabeza de una encomienda vecina a la de Yeste, en ésta quedaban incluidos los actuales pueblos de Socovos, Letur, Liétor y Férez. Fue en ese tiempo cuando, por gracia de Alfonso X el Sabio, Socovos alcanzaría el privilegio de villa. La situación de los terrenos que conformaban la encomienda los hacía poco apetecibles para el asentamiento de la población, ya que estaban continuamente azotados por las rafias de los musulmanes. La calma, aunque nunca total, llegó con el fin de la reconquista del reino de Granada, y este hecho permitió una paulatina repoblación. 

El año de 1673, Socovos pasa a depender de Cieza, pues allí se instaló la cabeza de la Gobernación del Valle de Ricote. A mediados del siglo XIX, cuando desaparece la jurisdicción santiaguista, Socovos queda libre de su dependencia y de su cargo como cabeza de la encomienda a la que daba nombre.

 Tanto en el interior de su entramado callejero como en sus alrededores, Socovos posee sugerentes puntos de interés para el visitante, y es indiferente si lo que se busca es arte, historia, paisaje, o deportes en contacto con lo natural, pues todo ello está bien representado o es posible realizarlo en Socovos. En cuanto al legado monumental e histórico de la población destaca su castillo, ahora en estado ruinoso, pero del que aún se conservan sus murallas, parcialmente almenadas, y parte de su torre del homenaje.   

Su origen es árabe, y se supone construido en el siglo XII, aunque posteriores remodelaciones tuvieron lugar durante el reinado de Felipe II y fueron llevadas a cabo por el maestro Nicolás de Ledesma. El expolio y la utilización, para otras construcciones,de los materiales que le daban forma, han ido menguando su presencia hasta dejarlo en el estado actual que, sin embargo, le permiten conservar aún un cierto aire de importancia. Junto a los restos de la fortaleza almohade se levanta la iglesia vieja, dedicada a la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. La construcción del templo se llevó a término durante el siglo XVI, al conceder permiso el monarca Felipe II al Concejo para realizar las obras correspondientes. 

La torre es de factura posterior, ya que en ella figura la fecha de 1657. En el interior del templo se encuentra un importante púlpito plateresco del siglo XVI. Parte de los tesoros artísticos de la iglesia de la Asunción se trasladaron a la iglesia moderna, incluida ya en el casco urbano. En ella se pueden contemplar algunas tallas salidas del taller de Salzillo, como una buena Dolorosa “de vestir”. Tambiénse encuentra una talla de San Sebastián, en madera, fechada en el siglo XVII. 

Los alrededores de Socovos están plagados de bellos e interesantes lugares donde disfrutar de un buen paseo, como en el área recreativa de El Cañar, la Cabaña de Buendía, la ermita de los Santos Felipe y Santiago –los santicos-, o los puntos de interés arqueológico. Entre estos últimos cabe destacar los de la Solana del Molinico, Peña Bermeja, la Peña de Sta. Bárbara, o el Cerro del Prado, también conocido como Cerrabú. 

Además, Socovos posee en su término parte del pantano del Cenajo, lugar especialmente indicado para la práctica de deportes acuáticos como el windsurf, la vela o el piragüismo, así como la pesca. 

El Pántano de El Cenajo, Justo antes de que las aguas del gran río Segura –que da nombre a la Sierra- se hagan murcianas, se embalsan en el pantano del Cenajo. La construcción de la presa se inició en el año de 1957 en pleno apogeo de la política de embalses, y se terminó en 1960. Es este el mayor embalse de cuantos posee la provincia de Albacete, y su presa que casi hace de frontera entre la Región de Murcia y la Comunidad de Castilla La Mancha, se eleva 84 metros desde el fondo del antiguo cauce. El destino de las aguas represadas en el Cenajo es, principalmente, la huerta murciana, sin embargo, de un tiempo a esta parte, el auge del turismo de interior, ha propiciado su aprovechamiento para otros fines. Así, la población de Socovos, ha promovido el desarrollo de actividades acuáticas que amplían y hacen más atractiva la oferta turística de la Sierra del Segura.

El paraje conocido como “El Cañar”, que corresponde a una de las colas del embalse, precisamente a la que llega el arroyo de Benizar, se presenta ahora como un punto vital para estas actividades, pues es en él en donde se imparten los cursos de piragüismo, windsurf y vela. El dotar a este paraje de la necesaria infraestructura lo convertirá en un punto de obligado encuentro para cuantos amantes de los deportes náuticos visiten la Sierra. También la pesca es un deporte a practicar en las irregulares orillas del embalse, sobre todo de barbos y carpas, las dos especies más abundantes en sus aguas.