Nerpio

La villa de Nerpio se asienta en el centro de una cuña que Albacete introduce entre Andalucía y Murcia, y su término municipal linda con los territorios de Murcia, Granada y Jaén.

Su paisaje, dominado por la Sierra de las Cabras, está bañado por la aguas del río Taibilla, en cuyas orillas se conservan indicios de una larga historia de poblamiento humano. 

Nerpio es quizá uno de los pueblos cuya antigüedad está más atestiguada. Las pinturas rupestres de la Solana de las Covachas, las de las Bojadillas, las de la Hoz, etc., dejan constancia de ello y conforman la mayor concentración artística rupestre de todo el territorio albaceteño, aunque constituyen una seriación temporal, se fechan hacia el 2.000 a. C. y lo incorporan a la Edad del Bronce II. 

Los hallazgos relaizados en dicho yacimiento ponen de manifiesto la existencia de contacto entre los habitantes de estas sierras y los de las costas del Mediterráneo, así lo demuestran los objetos de ascendencia griega o fenicia de finales del siglo VI a. C. 

La ocupación romana también llegó a tierras de Nerpio, y en ellas permanecen aún los restos de una necrópolis, en Vizcable, y el renombrado “tesorillo de Nerpio”, compuesto por un conjunto de monedas republicanas. 

También junto al río Taibilla se encuentra otro de los mudos testigos de la historia de Nerpio, se trata de la fortaleza de Taibona, castillo almohade próximo a la pedanía de Pedro Andrés y de la que aún se pueden contemplar restos de murallas almenadas y la robusta torre del homenaje. 

La reconquista llegó hasta estas tierras tan próximas a los reinos de Murcia y Granada en tiempos del monarca Fernando III el Santo, que dispuso fueran entregadas a la Orden de Santiago. 

Así pasó Nerpio a pertenecer a la jurisdicción de Segura de la Sierra, de la que se separaría al formarse la encomienda de Yeste. Sería en esta última en la que la población iba a quedar enmarcada hasta 1851, año en el que termina la influencia de la Orden de Santiago en el territorio. 

Junto a las aguas del río Taibilla, punto de referencia imprescindible a la hora de hablar de las tierras de Nerpio, el casco urbano de la población ofrece la posibilidad de un agradable paseo, pero no es sólo el caserío lo que se brinda al visitante, sino también algunos parajes cercanos que poseen una especial significación y belleza. 

El conjunto urbano, como ocurre en muchos pueblos de esta Sierra, mantiene un cierto regusto medieval, la historia parece no querer abandonar las estrechas y recoletas calles y plazuelas. De entre todas sus construcciones es una de carácter religioso la que destaca, se trata de la iglesia parroquial dedicada a la Purísima Concepción. La obra está fechada en el siglo XVIII, y mantiene rasgos barrocos pese a las posteriores reformas que le han afectado. Es destacable el hecho de que bajo el camarín del templo, una calle va a desembocar a la plaza, adecuada ahora para el esparcimiento de la población. Los alrededores de Nerpio permiten conjuntar, en un mismo recorrido, los temas naturalísticos e históricos que aquí parecen ir de la mano. 

El Plantón del Covacho, a orillas del Taibilla y a unos 2 km. de la cabeza del municipio, es una de las joyas de esta villa, se trata de un Monumento Natural –así declarado actualmente-, de un nogal que con sus 6 metros de cuerda y unos 500 años de vida da la medida de la grandiosidad de la naturaleza en esta zona. Al reposar bajo sus hojas, de agradable olor a manzanilla, está uno acompañado por un ser vivo que ya lo estaba cuando Granada aún era mora. 

Siguiendo el curso del río hacia sus fuentes se llega a la Tercia, justo debajo de la torre del homenaje y las murallas de la fortaleza de Taibona. Del edificio, que en tiempos fuera de la Tercia, queda aún prácticamente todo, aunque mal conservado, algunas puertas de arco se han tapiado, y no se han respetado algunas de sus centenarias piedras. 

Las aguas del Taibilla, eran las encargadas de mover los molinos que abundaban en la zona, de todos ellos perduran dos, uno en el mismo casco de Nerpio y el otro conocido como Molino de Cipriano, junto al Plantón del Covacho. 

Pinturas rupestres: De los diferentes conjuntos de pinturas rupestres que aparecen en la zona de Nerpio, el de la Solana de las Covachas fue el primero de los descubiertos por D. José Sotos, maestro de la pedanía de Pedro Andrés, en 1954.

El paraje en el que se ubican los abrigos domina una extensa área que, supuestamente conformaría parte de los territorios de caza de los pobladores de estas tierras que, más que residentes bien podrían ser cazadores nómadas. Estos conjuntos rupestres serían, en tal caso, habitaciones de temporada cuando se desplazaban en pos de las manadas de grandes unglados.

La antigüedad de las pinturas varía, pues parece que existen varias superposiciones artísticas. El conjunto parece que pertenece al período neolítico avanzado, y entronca el tradicional arte levantino con el esquemático de la Edad del Bronce.

Ciervos y cabras aparecen en los lienzos de los abrigos –no en todos- mezclados con figuras humanas, éstas últimas a veces armadas con arcos y flechas, son pintadas de muy diversas formas, ya que en ocasiones poseen penacho de plumas a modo de tocado. Otras representaciones humanas de diferente estética parece que podrían relacionarse con figuras femeninas. Menos abundantes son otro tipo de animales, como los bóvidos o los caballos que, seguramente no eran piezas de caza tan habituales como las otras.

El Torcal de las Bojadillas, el Molino de las Fuentes, o el prado Tornero, son algunos enclaves más en los que es posible contemplar pinturas rupestres tan interesantes como las anteriores, siempre dentro del término municipal de Nerpio.