Ferez

La joya serrana”, que así se conoce también a esta población, se encuentra al sur del cauce del río Segura, en un paisaje dominado por campos cultivados y ondulaciones del terreno. Su casco urbano esconde hermosos rincones, y en sus alrededores se pueden practicar deportes como la caza o la pesca rodeados por una espléndida naturaleza. Férez era ya una población conocida durante la dominación musulmana de esta parte de la Península que, tras pertenecer al condado conocido como la Cora de Todmir, o Teodomiro –noble visigodo-, pasó a depender de los reinos de taifas de Murcia. 

A principios del siglo XVIII, el territorio de la Sierra del Segura, fue reconquistado por las tropas cristianas, y el monarca Fernando III hizo donación de los enmarcados bajo la dominación de Segura de la Sierra, a la Orden de Santiago. Férez pasó así a depender de dicha orden militar y, al repartirse el territorio en encomiendas, la población –que aún no poseía el privilegio de villazgo- quedó enmarcada en l a Encomienda de Socovos.

El hecho de ser población fronteriza no facilitaba nada su poblamiento, de manera que fue necesario establecer fueros especiales en esta zona. Aún así, su población no crecía en número suficiente, y gran parte de sus habitantes continuaban siendo mudéjares.  

No es extraño el temor de las gentes a poblar Férez si se piensa que, mediado el siglo XV, los sarracenos saquearon esta población por completo y se llevaron al total de sus pobladores. Entre saqueos y repoblaciones, Férez consiguió sobrevivir, y en el año 1488, cuando reinaban ya Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, alcanzaba esta población el anhelado privilegio de poderse convertir en villa y ser tratada en consecuencia.  

En la segunda mitad del siglo XVII, allá por el 1673, se crea la Gobernación del Valle de Ricote, y Férez pasó a depender administrativamente de ella, cuya capital era Cieza. Al disolverse la Orden de Santiago, en 1851, Férez que había estado ligada a la Diócesis de Cartagena a la vez conseguía plena autonomía como municipio independiente.  >

El acercamiento a Férez permite contemplar los campos que rodean la villa y que, gracias al agua que mana de las bellas fuentes del municipio, permite desarrollar una próspera agricultura.  

Su casco urbano mantiene esa impronta árabe que dejó en estas tierras el largo período de dominación musulmana. Sus calles son estrechas y ofrecen recogidos rincones en los que se puede sentir todo ese ambiente medieval.  

De su época de frontera con los reinos de Murcia y Granada, cuando pertenecía a la encomienda santiaguista de Socovos, le quedan aún algunas fachadas en casas singulares esparcidas por el casco urbano y que parecen no querer que su esplendor medieval caiga en el olvido.  

Sin duda, el edificio más interesante desde el punto de vista monumental en Férez es su iglesia parroquial, se trata de la iglesia de la Asunción, construida en el siglo XVI. Las posteriores remodelaciones han hecho que del edificio original tan sólo quede la cabecera. Esta parte del templo presenta una bóveda de crucería de estilo gótico. En el interior de la iglesia se guardan importantes piezas artísticas: por un lado, un Jesús Nazareno procesional realizado en 1802 por Roque López, discípulo que fuera de Salzillo. Dicha escultura, cuya cabeza, manos y pies están tallados en madera y policromados posteriormente, fue encargada para esta parroquia por don Pascual Belmonte. También de los talleres de discípulos de Salzillo salió la Virgen Dolorosa, una imagen de vestir que continúa en la línea estética de la imaginería murciana del siglo XIX.  

Sin embargo, quizás lo más valioso del legado artístico de esta iglesia parroquial sea una Santa Ana triple, fechada en el siglo XVI, y el órgano de finales del XVIII. El constructor de este instrumento fue Joseph Llopis, el mismo al que se debe la construcción del órgano barroco de Liétor.  

En las afueras de la población y en su término municipal, se pueden encontrar estupendos rincones para el paseo y el reposo, como la zona recreativa del Arroyo de la Mora o el paraje del Atajadero. Ya sobre el río Segura, y en la carretera que comunica Férez con Hellín, se encuentra el Puente de Híjar, donde hay establecida una zona de baños y pesca en la que, además de contemplar el espléndido paisaje del río, es posible acampar.

Aguas abajo, se encuentra un lugar especialmente indicado para la práctica de los deportes acuáticos. Se trata del paraje conocido como la Alcantarilla de Jover, que perteneció al señorío del mismo nombre 

Estos dominios contaban con más de 1.000 has. de fértiles terrenos de huerta que se perdieron al cubrirlas las aguas del pantano del Cenajo.

La cocina ferreña: Don Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, escribía de Férez que producía “trigo, aceite y vino”, ya que el terreno que se dedicaba al cultivo era de buena calidad. También indicaba la abundancia de “perdices, conejos y liebres” en los territorios que componían su término municipal. Con estos antecedentes de pan, vino y caza, no es extraño que la cocina fereña se encuentre llena de sabores y matices, sobre todo si a lo anterior le añadimos la abundancia de plantas aromáticas en estos terrenos montuosos. Uno de los platos más corrientes en la gastronomía fereña-y de cualquiera de estos pueblos serranos- son las migas. Aparecen en su elaboración los ingredientes propios del terreno, la harina y el aceite, que junto al agua, se encargan de dar como resultado un exquisito manjar, eso sí, siempre y cuando las manos que lo preparen, además de expertas, hayan marcado la obligada cruz sobre la harina al verterla en la fuente a cocer. Pero las migas normalmente no van solas, alguna sardina salada, algo de tocino de la matanza del cerdo, unas pocas uvas,... acompañarán el plato.

Antes de entrar de lleno en ese exquisito plato de migas con compañía, puede uno ir haciendo boca con los “torraos”, esas cortezas endurecidas que se van retirando durante la preparación del plato principal y que se sirven aparte.