Elche de la Sierra Distante 95 Km.. de Albacete capital, Elche de la Sierra, el Elchecico, es ahora la capital de la Sierra del Segura, y sede de la Mancomunidad que conforman los doce municipios serranos. Sus calles son el escenario ideal para que, durante las fiestas de septiembre se pueda comprobar el porqué sus habitantes se sienten orgullosos de que a esta población se la conozca como "la cuna de los encierros". Elche de la Sierra entra en la prehistoria de la mano de la sedentarización ocurrida durante el período calcolítico. Los útiles tallados en sílex, y los lugares de Cuevas Blancas y la Loma del Mojón, así lo atestiguan. Avanzando en el tiempo, y ya en plena Edad del Bronce, destaca el poblado de La Muela, que recibe el nombre de la roca que lo acoge. Ya no se vivía en cuevas, sino que la tendencia era, cada vez más, a vivir en poblados abiertos al aire. Antes de entrar en nuestra era, Elche posee todavía poblamiento ibérico, del que se conservan vestigios en el lugar conocido como La Peña. Es, sin embargo, en el siglo III a. C. cuando acontece uno de los sucesos más importantes y reivindicados para la historia de esta población, es entonces cuando, durante las luchas colonizadoras que los Cartagineses libraban contra los pueblos autóctonos en este caso los Bastenanos- muere el gran caudillo Amílcar Barca, y quiere la tradición que tal acontecimiento ocurriera en la población de Villares, actual aldea de Elche de la Sierra en la que aún se conserva la que debió ser la tumba de tan insigne guerrero. Una fecha importante en la historia de la villa, es el año de 1213, cuando Alfonso VIII conquista Alcaraz y Elche pasa a ser aldea suya, esta condición de aldea alcaraceña perduraría hasta que en 1565 el monarca castellano Felipe II concede a Ayna el privilegio de villazgo, y Elche deja de ser aldea de Alcaraz para pasar a serlo de Ayna. Casi tres siglos duró esta dependencia administrativa con respecto a Ayna, pues no fue hasta el año de 1834 cuando adquiere la deseada condición de ayuntamiento independiente. Desde entonces hasta nuestros días, la población de Elche de la Sierra no ha hecho sino incrementar su importancia. En estos momentos es el centro administrativo de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra del Segura, algo así como la capital de nuestras tierras. El casco urbano de Elche de la Sierra, en el que se combinan lo antiguo y de rancio sabor con lo nuevo y lo más funcional, ofrece una amplia variedad de lugares y sitios de interés. Lejos quedan ya los tiempos en los que don Pascual Madoz escribió "tiene 700 casas,..." Hoy son muchas más las que constituyen la población y algunas de ellas poseen bellas fachadas con rejas de forja que las dotan de cierto aire nobiliario. Entre los espacios públicos de la villa cabe destacar la plaza de Ramón y Cajal, en cuyo número 1 se levanta el edificio del Ayuntamiento, es éste de doble planta y buena presencia, y en su interior, nada más comenzar a subir las escaleras que dan acceso a la planta superior, la de oficinas, se puede ver una placa alusiva a la construcción del inmueble allá por los inicios del siglo XIX, en ella se lee: "Unión, constancia y afán hicieron este edificio, el pobre con su servicio y el rico con su caudal". Muy cerca del Ayuntamiento se alzan dos torres que forman parte del templo parroquial, se trata de la iglesia de Santa Quiteria, una de las mejores muestras del neoclasicismo de toda la provincia, sus 1.350 m2 de planta, se distribuyen en una sola nave, en cuyos laterales se abren varias capillas. La obra fue dirigida por el arquitecto Francisco Pérez Rodríguez entre los años 1783 y 1788, y para levantarla hubo que derribar la primitiva iglesia (de 1570) y 18 casas más. Es de este templo de donde sale la procesión que el domingo siguiente al Jueves de Corpus, recorre las calles de la villa y difumina las delicadas alfombras de serrín que han confeccionado los mozos y mozas durante la noche. Además de su Ayuntamiento y su Iglesia, el recorrido por las calles de Elche nos brinda la oportunidad de contemplar su agradable y recién creado jardín botánico, en el Parque de la Concordia, junto al lugar en el que se celebran las tradicionales verbenas veraniegas. A su lado se encuentra la moderna Casa de la Cultura y no muy lejos clavan sus raíces dos de las joyas vivas de esta población: la primera es un plátano de sombra situado frente al estanque que forma un manantial natural en el Paseo de la Libertad, posee este magnífico ejemplar más de 5 m. de cuerda; la segunda de las joyas es otro árbol, pero esta vez se trata de una encina conocida como la encina del convento, está en el patio del Colegio del Cristo Crucificado, y sus 4,60. de cuerda sostienen un follaje cuya sombra puede rondar los 400m2. |