Ayna

Ocupa un lugar privilegiado en un estrecho cañón del río Mundo, por lo que también se le conoce como "La Suiza Manchega", que aparece en lo alto de un balcón natural de la roca sobre el bello río Mundo. Su peculiar forma de aprovechar el agua, así como su bien cuidada huerta y sus sorprendentes rincones, han convertido a Ayna en un pueblo emblemático, donde el sabor antiguo y las comodidades modernas se dan aquí la mano en perfecta armonía.

La Cueva del Niño, localizada en el margen opuesto del río Mundo es el testimonio del antiguo poblamiento de lo que hoy conocemos como Ayna. Las pinturas rupestres que adornan sus paredes han sido fechadas por los expertos entre 100 y 150 siglos antes de nuestra era, lo que sitúa a esta prehistórica habitación en pleno período paleolítico superior. Diversas excavaciones han demostrado también la existencia de pobladores durante el neolítico, pues han aparecido restos cerámicos relacionados con dicho período.

La existencia del paraje conocido como "El Salero", entre esta población y la vecina Liétor, pone de manifiesto un poblamiento musulmán en el que se aprovechaba industrialmente la sal procedente de esta salina. Posteriormente este recurso sería abandonado, permaneciendo aún algunos restos de su antigua utilización.

En las azarosas épocas de dominación árabe y reconquista cristiana, Ayna sufrió el azote de ambos bandos, ya que se hallaba muy próxima a la frontera entre ambos reinos. Su castillo de la Yedra fue un importante punto defensivo frente a los musulmanes de Granada y Baza, y sus gestas han quedado recogidas en diferentes escritos que hacen referencia a la valentía de sus pobladores.

Durante mucho tiempo Ayna fue la frontera entre el concejo de Alcaraz y la encomienda santiaguista de Socovos, ya que limitaba con Liétor y esta característica le ocasionó no pocos problemas administrativos. No es desconocida la falta de buenas relaciones entre ambos partidos durante la época de dominación.

Ya en el año 1565, y por privilegio otorgado por Felipe II, consiguió Ayna separarse de la todopoderosa ciudad de Alcaraz y convertirse en villa soberana. Además, dicho privilegio la dotó de término municipal y estableció que pudiera aprovechar los pastos de forma mancomunada con Alcaraz.

El pueblo ha crecido a lo largo, constreñido por el cauce y las afiladas paredes que lo encierran. La calle Mayor enlaza con la plaza principal, donde se encuentra el Ayuntamiento y las gradas que sirven para disfrutar de los encierros de toros. A 10 Km.. de la localidad se descubrieron unas cuevas con pinturas rupestres de arte levantino.

Es recomendable el paseo por la orilla del río, remontando la vega hasta la Presa de los Cárcavos. Se trata de un pueblecito encantador, encajonado en una estrecha garganta formada por el río Mundo, el cual atraviesa una agreste y bien arbolada serranía.

Sus calles serpenteantes conservan rincones de particular tipismo. Está vinculado a la tradición de la traída del Cristo de Sahúco.

Ayna es un pueblo con una estética especial, y basta introducirse por su calle principal para darse cuenta de ello. Sus callejas estrechas y de claro sabor morisco se abren hacia el río Mundo que baña sus pies, como largos ventanales. Son callejas pensadas para su utilización de antiguo, para acercar la rica y bien cuidada huerta a la población, son callejas con escalones amplios y de poca alzada, con curvas y recovecos que sorprenden a quien con mirada atenta y abierta a toda sugerencia, se adentra en ellas.

La calle principal, que va cambiando de nombre según el tramo, forma la columna vertebral de la población, y entorno a ella se concentra la vida de esta villa serrana.

La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de lo Alto, ubicada en la zona conocida como el Postigo, es la que actualmente cumple las funciones de templo principal. Aunque su construcción se fecha en el siglo XVII, gran parte de la misma es de época posterior, pues ya Pascual Madoz, en su "Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar", editado entre 1845 y 1850, afirmaba que estaba sin concluir y que, para facilitar su funcionamiento hubo que habilitar la sacristía.

Según el mismo autor, los días de gran afluencia de fieles era preciso oficiar las ceremonias en la ermita de los Remedios, más amplia entonces. Actualmente, de este último recinto religioso situado en el número 38 de la calle Mayor, poco queda en el exterior, tan sólo se adivina un arco de piedra que enmarca la puerta de entrada y que ha aparecido al eliminar el enlucido que lo cubría, su interior diáfano y con buena luz, posee un coro en alto soportado por columnas y un destacable artesonado de estilo mudéjar del siglo XVI. Hoy en día esta ermita no se destina a oficios religiosos, y para visitarla es preciso pedir permiso en el Ayuntamiento. Éste se encuentra en la Plaza Mayor, cuyo lateral posee gradas desde las que contemplar lo que acontece en su centro, abajo en el fondo de la plaza hay una fuente de caño en cuyo frontón se han representado las pinturas rupestres de la Cueva del Niño.

Para orgullo de sus habitantes y conocimiento del visitante, la fachada del Ayuntamiento muestra una solemne placa en la que se avisa de que Ayna fue galardonada con el Primer Premio de Embellecimiento de Pueblos en el año 1964.